En éstos tiempos, conservar un matrimonio duradero y sólido, es de esos sueños que tanto queremos alcanzar en nuestra vida, como aquellas cosas difíciles de conseguir con las que sólo soñábamos; y ya no lo vemos como algo cotidiano o a lo que hemos estado acostumbrados que debemos experimentar como parte del ciclo de la vida, que tiene la mayor parte de la sociedad.
Es extraño ver alguna pareja joven, batallar junta por un futuro juntos y que no se rinda a medio caminar o que se deje llevar por las banalidades o por lo superfluo de la vida, por picaros jugueteos y miradas candentes que sólo piden sexo e infidelidad.
Veo parejas de la edad de mis padres que aún siguen juntos y escucho historias de amor que parecen no terminar. Envidiaré poder llevar una vida plena con la persona perfecta, al ser escasas las probabilidades de éxito en un mundo tan rápido.
Los tiempos cambian. Y las relaciones interpersonales también.
La evolución que tiene el mundo en los últimos años y el giro que ha tenido la sociedad en donde los niños suelen ser más inteligentes y astutos que un adulto, ha provocado que cada persona gire en torno a la idea de ser individuos únicos y solos. Reina el egoísmo y escasean los valores.
Incluso la diversión y el entretenimiento se vuelven actividades solitarias, según muchos “buscando su espacio y sus maneras e expresión” o “un momento con los amigos” en estas redes sociales que han marcado ya un hito en la historia.
Son de gran ayuda para mantener contacto y para lucro, pero está comprobado que aquellas personas que le dedican tiempo extraordinario a éste tipo de actividades, tienen menos interacción con personas en general y la relación con los amigos se hace bastante impersonal, como en un simple saludo de cumpleaños. Nos vuelve más vanidosos y aumenta los niveles de egoísmo.
Dejamos de lado nuestras propias vidas, para estar pendientes de la de los demás. De los viajes que hicieron, de las discotecas en donde estuvieron, a quien conocieron y de los pensamientos que se les cruzan y que creen que los hacen interesantes o bohemios y con derecho a opinar.
No me sentaré a buscar una solución a un problema tan grande, pero indetectable, porque ya se convirtió en una pandemia.

