Es cierto. Hace poco me dijeron después de una enriquecedora conversión, que: “Cuando buscamos “debatir” sobre religión, terminas discutiendo”.
La religión siempre tendrá su turno, en algún momento de las conversaciones diarias o en las reuniones o bares con los amigos o en matrimonios, después de hablar de cuanto han crecido los hijos.
Muchos seres humanos se consideran indestructibles e invencibles o intocables. Fuertes. La obra divina de algún creador.
Pero toda persona en su sano juicio, sabe que el hombre es un ente frágil, tan frágil que antes situaciones de adversidad, la primera reacción será mirar al cielo y pedir a algún dios que lo ampare o quizás se pregunte “¿por qué a mí?” y maldiga hasta los vientos que no existen.

Quizás sea por alguna clase de fuerza, que nos impulsa a creer en lo que muchos no creen o dicen no creer, en un momento de calma.
Por ello, es que adorar o venerar a un dios, es únicamente de los débiles; es el supuesto que se suele escuchar.

No soy la católica mas adepta (a pesar de haber estudiado en un colegio católico), que religiosamente toma su lugar en una de las tantas bancas de una iglesia, cada domingo; pero en cuestiones de fe, la llevo siempre conmigo, no la suelo olvidar en el aparador de la casa y junto a las llaves, como le pasa a muchos, una vez que cruzan el umbral del hogar.

Si es cuestión de fe, depende de cada persona y en lo que crea, indiferente de la religión a la que pertenezca.

Creo que no concuerdo con muchas de las cosas que la iglesia católica profesa o de las tantas atrocidades que ha cometido, desde su creación.
Durante la historia del hombre se ha visto y vivido dentro de mucha hipocresía, hasta el día de hoy. No falta aquella señora que comulgando, está destrozando con envidia la vida de la que llama amiga y que está dos personas delante de ella en la fila. o el hombre que arrodillado al lado de su esposa, en lugar de dar gracias por el cuerpo de Cristo (como se suele hacer), está recordando el olor a sexo que le dejó su compañera de trabajo, la noche anterior. O tan simple, como un joven, contando los minutos que esta perdiendo del partido de fútbol.

Hasta ahora, no tendría razón alguna por la que seguir una religión en la que sus feligreses, sólo son auto-destructivos, irrespetuosos y depredadores.

La verdad de todo esto, es que cada quien debería vivir la religión como lo siente, pero con sinceridad; de lo contrario, será mejor abstenerse a escoger alguna para despellejarla luego.
Y en adición a ésto, es respetar la ideología de los demás, para no caer en conflictos innecesarios, que ya llevaron al hombre a matanzas de supuestas brujas, de monstruosidades del diablo.
De pecadores.

Amén.