No quiero volver al Restaurante - Jorg ZipprickLos buenos cocineros viven fascinados de sabores, aromas y texturas; más aún de las sensaciones que las comidas nos producen y los momentos que nos hacen recordar.

Es entonces, donde la cocina molecular cumple un papel importante dentro del rubro demostrando de lo que está hecha. Para muchos, es la “cocina del mañana” o la “cocina del futuro”; para los empresarios es una cocina poco rentable, más bien costosa y de muy poca rotación; para los que realmente saben y experimentan y entienden del tema, es toxica y venenosa.

Es así, que es “¡No quiero volver al restaurante!”, abre los ojos de los más insulsos. La cocina molecular no es exactamente tan encantadora como parece. Si bien es una cocina de hermosas vistas y sensaciones, Jorg Zipprick te da un vistazo al “trabajo sucio” que lleva esta cocina.

ALGUNAS VERDADES

Una verdad: Ferran Adria no es el creador de la cocina molecular, como muchos creemos ni Heston Blumenthal y mucho menos Herve This; pero si considera como primer científico gastronomico a Brillat-Savarin y a Harold McGee como uno de los mejores en la época actual.

Otra verdad: “La xantana no existe en la naturaleza. La sustancia se elabora ex profeso a pa

Jorg Zipprick

rtir de los excrementos de bacterias de vez en cuando manipuladas genéticamente. […] Es, groseramente formulado, caca de bacilos”. ¿Qué tal eso?

Una verdad más: Los carragenatos (sustancia utilizada como gelificante), según los cocineros moleculares, son algas. Según los entendidos del tema, es un componente de las algas, extraído por medio de una solución alcalina.

Recomendable por sus contenidos reveladores, pero hostigante en hacer hincapié con las toxinas y lo “engañosa” que es el mundo de Ferran Adria.