Una vez más, la gracia del teatro me la dieron mi hermano y mi cuñada.

En un principio, emocionada por una obra nueva y sin saber que esperar de un unipersonal de Javier Echevarría. Aunque nunca ví novelas, sé que era conocido por ser galán de telenovelas muchos años atrás y luego lo volví a ubicar en 3G y sus variadas charlas y posturas.
Conforme va tomando cuerpo la puesta en escena y “cuajando” ideas como dicen los que saben, me fue intrigando aún más pero esta vez por el rumbo que va tomando toda la obra.

Podría definirse como una obra autobiográfica que se torna en una especie de “conversación” motivacional. La improvisación es totalmente hilarante y la interacción de Javier Echevarría con su público es increíble y noble.

 

Muy enriquecedora y con mucho de cierto: no puedes avanzar, sin realmente conocerte y saber de dónde vienes o a dónde vas; no somos totalmente conscientes de nuestras capacidades y que es necesario romper los paradigmas que la sociedad ha creado en donde nos dicen que debemos hacer o que estudiar, a donde mirar o a quien hablar, etc.

Totalmente recomendable. Para aquellos que no se “hallan” o se encuentran desorientados o sin rumbo en la vida, esta obra es un claro ejemplo de como una figura publica, también atraviesa por dilemas existenciales, momentos de depresión y como todos, busca recuperar su verdadera esencia como persona.

Es admirable como supo “integrar” lo que le gusta y le apasiona (teatro y sicología) y generosamente lo compartió con nosotros, y dejándonos una “guía” para que quizás podamos ahorrarnos pasos, arrepentimientos o caídas en la vida.

 

Va hasta el 29 de junio en el teatro Mario Vargas Llosa de la Biblioteca Nacional del Perú.