Este libro llegó a mis manos gracias a mi hermano y a mi cuñada.MamaYoNo quiero ser Gaston

Diré fue un buen “regalo” para el Perú y sus cocineros si es que somos un poco más objetivos al leerlo y reflexionar con sus ideas, que posiblemente, van contra nuestro ideales como peruanos enamorados de su comida.

Es entonces, una suerte de bitácora de los viajes y todas las experiencias que lo involucran con el Perú; las personas que aquí conoció, el excesivo valor que le damos a nuestra gastronomía (que aún se encuentra en plena evolución), los precios irracionales, las inmensas cartas y la cantidad de personal innecesario en algunos restaurantes, etc.

NADIE SE SALVA

Crítica cada detalle que puede, cada postura y ni hablar de los cocineros que cometieron algún error en su presencia, a ellos no les tuvo misericordia; y aunque a esto se dedica Ignacio Medina, encuentro muy parcializada su opinión sobre Gaston Acurio y todo lo que lo rodea. En algún momento, a todo cocinero conocido en esta urbe, le dio un pequeño topetazo por algún descuido, excepto a él.

Está de más reconocer el trabajo que rodea a este personaje tan popular, y que hasta cierto punto de su historia “lo lanzaron” como candidato a la presidencia del país para el 2016, pero cabe recordar que detrás de su nombre, hay un equipo gigantesco de personas que siguen la misma filosofía y que han hecho posible que el escenario culinario haya entrado en tal auge.

Y un dato importante es que solo conoce que la problemática del cocinero peruano es que está mal pagado, hay mucho más que esto dentro del mundillo de los cucharones en este país, como la educación (de casa y colegio), la cultura y la misma sociedad.

Ni Mistura se salva de sus golpes, la feria más importante de Latinoamérica no cubre sus expectativas.

¡TE DIGO TU VERDAD!

El peruano odia que lo critiquen (en cualquier aspecto). Por eso dice ser “editado” hasta en críticas para la tv.

Es cierto que muchos de los peruanos nos sentimos más orgullosos de nuestra comida que de cualquier otra cosa, el cual no está nada mal, pero que si llega a ser algo irracional si afirmamos que es “la mejor del mundo”, como muchos que afirman esto y que ni sus orígenes ni algo de su historia conocen. Somos alienados, nos gusta lo extranjero y los extranjeros (en especial si son gringos insípidos o colochos).

Y si, a la cocina peruana aún le falta mucho por mejorar y recorrer, pero ninguna cocina nació perfecta ni llegaron a la excelencia en 2 o 5 o 10 años.

 

En conclusión, podría decir que con tanta crítica contenida en un solo ejemplar, termina siendo un libro aburrido, poco ecuánime y repetitivo, y hasta podría pensar que (aunque quizás algo injusto para él) Ignacio Medina es un hombre muy mordaz, insaciable, inconformista y parcializable, en pocas palabras: muy infeliz.